Por Dra. Judith Vila, especialista en Neuropediatría
Claves para fortalecer la comunicación, la empatía y la convivencia
La interacción social es una habilidad esencial para el desarrollo emocional y la inclusión de los niños. En el caso de los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), esta área suele presentar desafíos particulares que requieren comprensión, acompañamiento y estrategias específicas.
Desde la neuropediatría, entendemos que estas dificultades no son falta de interés social ni mala conducta, sino el resultado de diferencias en el funcionamiento cerebral que influyen en la comunicación, la regulación emocional y la conducta social.
¿Cómo se desarrolla la interacción social?
La interacción social implica múltiples procesos neurológicos:
- Comprensión del lenguaje verbal y no verbal.
- Reconocimiento de emociones propias y ajenas.
- Regulación de impulsos y conducta.
- Atención compartida y reciprocidad social.
Estos procesos maduran progresivamente y pueden verse alterados de forma distinta en el TEA y el TDAH.
Interacción social en niños con TEA
En el TEA, las dificultades sociales suelen estar relacionadas con:
- Dificultad para interpretar gestos, miradas y expresiones faciales.
- Uso literal del lenguaje.
- Problemas para iniciar o mantener interacciones sociales.
- Intereses restringidos que limitan el juego compartido.
- Preferencia por rutinas y predictibilidad.
Es importante destacar que los niños con TEA sí desean relacionarse, pero necesitan apoyos claros y estructurados para comprender las normas sociales.
Interacción social en niños con TDAH
En el TDAH, las dificultades sociales suelen deberse a:
- Impulsividad (interrumpir, hablar sin esperar turno).
- Dificultad para mantener la atención en conversaciones o juegos.
- Baja tolerancia a la frustración.
- Reacciones emocionales intensas.
- Problemas para seguir normas sociales en grupo.
Estos comportamientos pueden generar rechazo social si no se comprenden y abordan adecuadamente.
Similitudes y diferencias entre TEA y TDAH
Aspecto | TEA | TDAH |
Interés social | Puede ser limitado o diferente | Presente pero desorganizado |
Lenguaje social | Dificultad para comprenderlo | Lo comprende, pero lo usa de forma impulsiva |
Regulación emocional | Rigidez emocional | Reacciones intensas |
Necesidad de estructura | Muy alta | Alta |
Comprender estas diferencias permite adaptar mejor las estrategias de intervención.
Estrategias para mejorar la interacción social
- Enseñanza explícita de habilidades sociales
Las normas sociales deben enseñarse de forma directa, con ejemplos claros y repetición.
- Uso de apoyos visuales
Historias sociales, pictogramas y secuencias visuales facilitan la comprensión de situaciones sociales, especialmente en el TEA.
- Trabajo en regulación emocional
Aprender a reconocer y manejar emociones mejora la respuesta social y reduce conflictos.
- Juego guiado
El juego estructurado permite practicar turnos, cooperación y comunicación en un entorno seguro.
- Refuerzo positivo
Reconocer los intentos sociales fortalece la motivación y la autoestima.
- Grupos pequeños y entornos controlados
Reducen la sobreestimulación y facilitan interacciones exitosas.
El rol de la familia y la escuela
La coordinación entre familia y escuela es clave para:
- Mantener normas sociales consistentes.
- Brindar apoyo emocional.
- Favorecer la inclusión y el respeto por la diversidad.
Un entorno comprensivo reduce el estrés social y mejora el aprendizaje.
Apoyo terapéutico especializado
El abordaje interdisciplinario puede incluir:
- Terapia del lenguaje
- Terapia ocupacional
- Psicología infantil
- Programas de habilidades sociales
La intervención temprana y personalizada mejora significativamente la calidad de las interacciones sociales.
Conclusión
La interacción social en niños con TEA y TDAH puede fortalecerse con acompañamiento, estructura y empatía. Comprender sus diferencias neurológicas permite brindarles las herramientas necesarias para comunicarse, relacionarse y desarrollarse plenamente.
Desde la neuropediatría, promover habilidades sociales es promover inclusión, bienestar emocional y oportunidades de desarrollo para todos los niños.