Por Dra. Judith Vila, especialista en Neuropediatría
Cómo acompañar con eficacia y empatía el desarrollo de sus hijos
El Trastorno por Déficit de Atención (TDA o TDAH) es una de las condiciones neurobiológicas más comunes en la infancia. Se caracteriza por dificultades para mantener la atención, controlar impulsos y regular la conducta, lo cual puede afectar el aprendizaje, las relaciones sociales y la autoestima del niño.
Desde la neuropediatría, se comprende que este trastorno no es falta de voluntad o mala conducta, sino una diferencia en el funcionamiento cerebral que requiere comprensión, acompañamiento y estrategias adecuadas.
¿Qué es el Déficit de Atención?
El TDA (con o sin hiperactividad) se manifiesta en distintos grados y formas. Algunos niños presentan principalmente falta de atención, mientras que otros muestran impulsividad o actividad excesiva.
Entre los síntomas más frecuentes están:
- Dificultad para concentrarse en tareas largas o aburridas.
- Pérdida frecuente de objetos o materiales escolares.
- Olvidos, distracciones o errores por falta de atención.
- Dificultad para seguir instrucciones completas.
- Impaciencia o interrupciones constantes al hablar.
- Movimiento constante o inquietud (en casos de TDAH).
Estos comportamientos no reflejan desobediencia, sino un cerebro que procesa los estímulos de manera distinta.
El papel de los padres: guía y acompañamiento
Los padres desempeñan un rol crucial para ayudar al niño a desarrollar hábitos, control emocional y autoestima. Comprender cómo funciona su hijo permite ajustar expectativas y aplicar estrategias efectivas en casa y en la escuela.
Herramientas prácticas para padres
- Estructurar rutinas claras y predecibles
Los niños con TDA se benefician enormemente de tener horarios estables. Establecer una rutina para levantarse, hacer tareas y dormir les da seguridad y organización mental.
💡 Tip: Usa un calendario visual o un cuadro con pictogramas para que el niño sepa qué viene después.
- Dar instrucciones simples y paso a paso
Evita frases largas o ambiguas. En lugar de decir:
“Ordena tu cuarto y prepárate para dormir”,
di:
“Primero guarda tus juguetes. Luego ponte el pijama.”
Dividir las tareas en pasos pequeños mejora la comprensión y la ejecución.
- Reforzar los comportamientos positivos
El refuerzo positivo es más eficaz que el castigo. Elogia y valora cada avance, por pequeño que sea:
“¡Me encantó cómo terminaste tu tarea antes de jugar!”
Esto fortalece la autoeficacia y la motivación interna.
- Usar apoyos visuales y recordatorios
Tablas de organización, colores, relojes o alarmas ayudan al niño a mantener el enfoque y la autonomía.
💡 Ejemplo: Coloca una lista visible con los pasos de la mañana o del estudio.
- Promover el movimiento físico y pausas activas
El ejercicio ayuda a liberar energía, mejorar la concentración y regular emociones.
Cada 20–30 minutos de estudio, se recomienda una breve pausa activa (estirarse, caminar, saltar).
- Fomentar una comunicación empática
Evita etiquetas como “flojo” o “desobediente”. En su lugar, expresa comprensión:
“Sé que a veces te cuesta concentrarte, pero confío en ti. Vamos a hacerlo juntos.”
El niño con TDA necesita sentirse comprendido, no juzgado.
- Trabajar en equipo con la escuela
Mantener comunicación constante con los docentes permite adaptar estrategias educativas y reforzar rutinas comunes entre casa y colegio.
💡 Sugerencia: Solicita al profesor retroalimentación semanal breve sobre los avances o dificultades.
- Cuidar el entorno emocional y familiar
La paciencia y el equilibrio emocional de los padres son fundamentales. Establecer límites con afecto, sin gritos ni comparaciones, mejora la convivencia y la confianza mutua.
Cuándo buscar ayuda profesional
Si las dificultades de atención interfieren en el rendimiento académico, las relaciones o la autoestima del niño, es importante consultar a un neuropediatra o psicólogo especializado en TDA/TDAH.
El tratamiento puede incluir terapia conductual, entrenamiento parental, acompañamiento psicopedagógico e, incluso, apoyo farmacológico en algunos casos.
Conclusión
El déficit de atención no define las capacidades de un niño. Con el acompañamiento adecuado, puede desarrollar concentración, responsabilidad y confianza en sí mismo. Los padres son la base emocional que guía ese proceso: su comprensión, constancia y amor son las mejores herramientas para impulsar su crecimiento.